miércoles, 26 de marzo de 2014

¿Cómo ser cuidadora y ser feliz cuidando y formando a cuidadoras? por Rosa Mª del Mar Morales #6cronicos #1activos



Una persona generosa, una actitud siempre positiva, una sonrisa en su boca, siempre ayudando, siempre dispuesta. Colabora con la red de cuidadoras de la Escuela de Pacientes y es una persona con gran actividad tanto en los talleres de cuidadoras en Granada o ligadoa  su centro de salud del Zaidín o en otras actividades que le ayudana  difundir su actividad como formadora de cuidados. Su particpación en esta 1ª Conferencia Nacional de Pacintes Activos se realiza en el espacio de encuentro de envejecimiento activo y cuidados

 

En mi experiencia y relación con el cuidado, cuidar, para mí, significa decidir y asumir el cuidado, para poder poner en práctica el contexto total de la palabra, que no es otro que asistencia, protección, dedicación, esmero y amor al dependiente, en unas condiciones sanas para mi dependiente y para mí. Que solo se pueden dar, si se acepta el cuidado.


Llevo cuidando toda mi vida, comencé a los trece años cuidando de mi abuela materna. Hoy por hoy, cuido de mi tío que cuenta 92 años de edad. Ha sufrido ocho ictus, tiene cáncer de piel, cardiopatía severa, y todas las complicaciones de una vida llena de trabajo y una decadencia física y mental derivada de la edad.


Ser cuidador de patologías derivadas de la edad, y  enfermedades degenerativas, implica o al menos es lo que pienso yo, una actitud serena y positiva que nos haga ser resolutivos en cada circunstancia adversa. Creo que solo desde el plano de la objetividad y la realidad, podremos abordarlos efectivamente, y esta regla ha sido la máxima de mi día a día, a lo largo de todos estos años.


Ser cuidador de dependientes mayores, llega casi sin pensar, porque llevan una vida más o menos lineal entre dolores y enfermedades, que se van parcheando y que aunque vemos el declive en ellos, solo somos conscientes que han dejado de ser independientes asistidos, cuando sufren una situación drástica y se convierten en dependientes totales. Es en este momento cuando pasamos a ser fisioterapeutas, neurólogos, traumatólogos, terapeutas ocupacionales, enfermeros…, pero sobre todo pasamos a ser vínculo afectivo y efectivo, de sus personas.


Este vínculo con mi tío llegó, en diez segundos. Los que tardé en ver su boca torcida y su paso inestable al abrir la puerta cuando volvía de un paseo. De esta visión a llamar al 112,  recibir contestación, acostar a mi tío y prepararme para ir al hospital, cinco minutos. Después…. Mes y medio de hospital cuidando y pasando por todos los estados de ánimo de mi tío. Desde la desorientación total y por tanto el desconcierto. A la realidad de una minusvalía física y por tanto la desesperación e impotencia.


Durante todo ese tiempo, nuestra misión de familia, conmigo a la cabeza por ser su cuidadora, era mandarle mensajes positivos, pero realistas, y de mejora a largo plazo. Aprendió y enseñe a comer. Aprendió y enseñe a andar. Aprendió y enseñe a tener movilidad muscular y articular. En una palabra, aprendimos a convivir y a avanzar con la enfermedad los dos. Él haciéndome caso y trabajando duro, y yo inventando mil trucos para evolucionar.

A lo largo del proceso, sobre todo, me movía no hacer un vegetal anticipado. Mi prioridad era que mi tío se sintiera una persona limitada pero no imposibilitada física, o mentalmente, Porque tenía la creencia que esto le haría tener mejor calidad de vida, y a realizarse como individuo, dentro de su nueva situación. Esto sigue siendo así, ahora lleva año y medio en cama y sigo dejando que haga lo que sus limitaciones le permiten, y buscando trucos para que su mente siga trabajando.



Compaginar el cuidado de un dependiente, con la estabilidad del ámbito familiar, es complicado, pero no imposible. Yo intento dar en cada momento prioridad a lo más importante. Pero sobre todo intentar dar a cada miembro de mi familia aquello que necesita. Puede ser un oído con que escucharlos aunque esté cambiando un pañal, un abrazo para mostrar que estoy junto a ellos aunque este saturada de problemas, o acompañarlos al futbol junto con mi tío, para poder estar toda la familia junta. Creo que lo importante, es buscar la total integración del dependiente en el ámbito familiar, y no hacer cargar con sensación de abandono a nuestra familia, mandando mensajes erróneos de dedicación única y exclusiva al dependiente.

Otra cuestión, que creo importante, y hago todo lo posible por mantener en equilibrio, es la parcela social. Creo que el cuidado debe pasar por estar en total equilibrio, para no cargar, ni hacer cargar a mi dependiente, con sensación de malestar.


Estoy convencida, que cuanto mejor sea nuestra actitud, mejor cuidaremos. La circunstancia o el problema no cambia, pero nuestra manera de ver el cuidado sí. 

Precisamente por esto, mi dependiente va a todos lados conmigo, otros llevan bebés, y yo… a mi dependiente, intentamos juntarnos siempre a horas determinadas, y mi tío es feliz viendo niños a su alrededor. Tenemos  que buscar el modo de no aparcar, ni aparcarnos de nuestra vida social.

A lo largo de todo el tiempo que llevo cuidando, y les puedo decir que es mucho, y enfermos de muchas patologías, lo que siempre he intentado, es no victimizarme, o auto compadecerme de mi situación. Esta, es la que es, y la que yo he decidido cuando acepto atender una circunstancia familiar como es cuidar a un dependiente. Y creo que precisamente por esto, no me ha llevado a situaciones extremas de estrés o ansiedad derivadas del cuidado.


Precisamente por mi filosofía a la hora de enfrentarme al cuidado, y mi inquietud por aprender y ayudar, no dude en  ningún momento en embarcarme en la experiencia de la Escuela de Pacientes. Me formaron junto a cuidadores de todas las patologías, pero que todos hablábamos el mismo idioma. El  idioma que se aprende, cuando estas  24 horas al día, 365 días al año cuidando de un dependiente.

Ahora nos encontramos embarcados en poder trasladar lo aprendido en la Escuela de Pacientes, y nuestro día a día, a cuidadores que llegan a nuestro Centro de Salud con todos los estados de ánimo posibles. Hay veces que los talleres parecen montañas rusas de sentimientos, roles y ánimos. Es en este momento, cuando nosotros como cuidadores podemos ayudar más que un profesional, porque sabemos de lo que nos están hablando.
Nunca mandamos mensajes negativos a su forma de ver el cuidado, solo matizamos sutilmente aquello que debería cambiarse. Intentamos no dar, ni que den los asistentes al taller juicios de valor, nadie actúa para ir en contra de su dependiente, y ninguno de los presentes sabemos, ni debemos saber, lo que sucede detrás de una historia, porque siempre hay matices. 


Dentro de los talleres, intentamos que haya armonía y sentido del humor. Es fundamental el estado anímico del cuidador para que asimile y acepte, todo lo que se les dice. Entendemos que no es lo mismo, afrontar un taller con apatía, que con alegría, porque la alegría también lleva a sentir ganas, o necesidad de volver al taller, para tener un espacio adonde ser escuchado y entendido, pero que al tiempo les da herramientas para poder salir de círculos o roles adquiridos con el tiempo.

Cada vez que afrontamos un taller, sabemos que este es diferente al anterior, porque los cuidadores que llegan son personas distintas, con inquietudes, situaciones y problemas distintos. Por esto, nunca adecuamos los cuidadores al taller, sino el taller a los cuidadores.

Nuestra máxima en cada taller, es que los cuidadores, salgan convencidos que cada uno de ellos es único y exclusivo, como personas, y como cuidadores, porque así lo pensamos los profesionales y cuidadoras responsables del taller. 

Puedo decirles, que la buena sintonía que tenemos las cuidadoras formadoras, con el equipo de profesionales del Centro de Salud, y su enfermero gestor de casos a la cabeza, hace posible que podamos poner en práctica todo lo aprendido en la Escuela de Pacientes y todo lo que las cuidadoras podemos aportar dentro de los talleres. 

Nos dan espacio, y libertad de movimientos. Cada cual dentro de esta aventura tiene su papel, y nuestros profesionales están siempre atentos a nuestra invitación para puntualizar o sugerir, pero sin contradecirnos o desautorizarnos, solo complementando lo que nosotros hemos dicho.


Para terminar les diré, que mi vida podría haber sido otra, pero decidí cuidar a los míos y a las personas que quiero. Desde pequeña, aprendí a quitar cargas, y a solucionar problemas  en la medida de mis posibilidades. Mi inquietud por ayudar también me llevo a embarcarme en esta maravillosa experiencia de la Escuela de Pacientes junto con mi compañera Rosa, para aportar aquello que está en nuestra mano, que no es otra cosa que nuestra experiencia.

Hoy por hoy mi vida está realizada, y no podría concebirla de otra manera.

martes, 25 de marzo de 2014

¿Cómo manejamos la asimetría de información entre médicos y pacientes sin perder la confianza? JR Repullo #6cronicos #1activos



José Ramón Repullo, es un profesional muy cualificado, profesor de la Escuela Nacional de Sanidad desde 1992, después de haber estado en diversos cargos en el Minsiterio de Sanidad, en la Comunidad de Madrid y en algunos centros sanitarios, además de haber estudiado economía y planificación en Londres. José Ramón es uno de los invitados a la fila 0 de la mesa de experiencias de las escuelas de pacientes en la 1ª Conferencia de Pacientes Activos que se celebra en Sevilla el viernes 28 de marzo.



Una característica clásica en la relación de profesionales con pacientes es la llamada “asimetría de información”, por la cual el médico tiene más formación, información y poder que el paciente. Este fenómeno se da en muchas otras relaciones humanas, comerciales y de servicio. Incluso, cabría decir, que el que vende siempre sabe más que el que compra. Pero en el ámbito sanitario esto se da de forma mucho más acusada.


Hay más asimetría de información en la relación médico paciente por tres cosas (y las tres tienen mal arreglo):

  1. Porque el paciente tiene diversas enfermedades a lo largo de su vida, y no puede adquirir “experiencia” suficiente como para controlar el conocimiento; esta afirmación sería más débil en los pacientes crónicos y con enfermedades graves y/o raras, que tienen motivación y capacidad para estudiar su problema de salud. 
  2.   Porque los conocimientos, tecnologías y alternativas van cambiando con rapidez para muchas enfermedades, lo que acrecienta la diversidad anterior.
  3. Y, porque la calidad de los proveedores de servicios (médicos, servicios, hospitales…) no es fácilmente observable (ni siquiera para los propios médicos), y además porque las reputaciones de calidad son apreciaciones cualitativas o probabilísticas y no necesariamente se van a materializar en todos los casos.

Afortunadamente el problema no estriba tanto en la existencia o no de asimetría, sino en la forma en la cual ésta se puede manejar adecuadamente: y por esto nos referimos a mantener y acrecentar el capital de confianza que fundamenta la relación clínica efectiva. 

Para entender mejor el papel del médico, en la siguiente figura vemos que la relación con el paciente es algo más compleja de lo que podemos suponer. En realidad el médico clínico está en el centro de un triángulo, y su función está en mantener un juicioso equilibrio entre los tres elementos.



·        Por una parte está la ciencia y la técnica médicas, cuya aplicación más amplia, profunda y meticulosa en cada caso, podría aportar el mayor margen de ganancia de salud posible a cada paciente; este nivel máximo de “capacidad potencial de beneficiarse”  desde la perspectiva de la medicina, es lo que suele llamarse criterio de NECESIDAD (needs = ability to benefit)

·        Pero esta ganancia máxima o potencial con mucha frecuencia no puede materializarse porque los recursos que existen localmente no lo permiten; recursos tanto materiales, como humanos, como de conocimiento como de competencias y curvas de aprendizaje. En cierta forma, es la diferencia entre la eficacia (condiciones ideales) y la efectividad (condiciones reales); pero también nos indica que en el mundo real las condiciones locales siempre imponen su dictado: por ejemplo, tener un infarto de miocardio en la puerta de un hospital terciario ofrece más probabilidad de supervivencia que si ocurre en la alta montaña.  Este sería el criterio de OFERTA.
 
·        Y, finalmente, el paciente establece el referente de DEMANDA, que expresa sus expectativas, preferencias, criterios y exigencias; el principio bioético de la autonomía de la voluntad ha reivindicado un papel determinante a la hora de que el paciente informado y empoderado sea el determinante de las decisiones sobre su propia salud; y el criterio de “responsiveness” (capacidad de respuesta a demandas, preferencias y condiciones de servicio del paciente) ha ensanchado y enriquecido el concepto de calidad, desde el ámbito científico-técnico, al del trato digno y la calidad percibida.



El médico clínico, en el centro de este triángulo, actuaría como intermediador (bróker) que busca beneficiar a sus pacientes acercando el mejor conocimiento médico localmente aplicable, que se adapte a las demandas y preferencias del paciente.

Este ajuste exige buen conocimiento, inteligencia práctica, sensibilidad, diálogo y mucho ingenio; y por eso la práctica clínica no suele parecerse a la producción industrial; y aunque tengan mucho prestigio las guías clínicas, y sean muy útiles, lo cierto es que cada paciente es único, y una parte de la variabilidad es no sólo inevitable, sino necesaria.



Y esto complica el trabajo clínico; pero también lo hace tan especial y tan estimulante.  La activación de los pacientes en los nuevos movimientos de empoderamiento del enfermo, actuaría aumentando el peso del criterio de demanda, pero también facilitando la comprensión y la acción del propio paciente en relación con los otros dos vértices del triángulo: con la oferta (buscando vía acción social mejorar los recursos localmente disponibles), y con la Necesidad (mejorando el acceso a la información relevante y válida sobre lo que la medicina puede hacer por las enfermedades y los pacientes). 


Visualizar este equilibrio puede ayudar a que cada agente entienda a los demás; y facilitar que el médico clínico pueda actuar con mayor claridad en la defensa de su “agente principal” que no es otro que el ser humano que sufre un problema de salud y busca ayuda profesional. 

lunes, 24 de marzo de 2014

“ePACIBARD Alliance”: modelo de investigación colaborativa en la investigación en Enfermedades Raras #6cronicos #1activos




Mercedes Serrano y Manuel Armayones, en nombre de todo el equipo de investigadores (familias e investigadores profesionales) de ePACIBARD (cc) (Hospital St.Joan de Déu de Barcelona, Federación Europea de Síndrome de Lowe y Universitat Oberta de Catalunya) han escrito este artículo que por su interés creemos importante reproducir. Mercedes Serrano es Doctora en Medicina, neuropediatra en la Unidad de Enfermedades Metabólicas del Hospital St.Joan de Déu e investigadora del U-703 del CIBERER. Asimismo es la responsable de Guía Metabólica http://www.guiametabolica.org/. Manuel Armayones es Doctor en Psicología, profesor e investigador de la Universitat Oberta de Catalunya y Vicepresidente de la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER). Manuel participará en la 1ª Conferencia de Pacientes Activos el viernes 28 de marzo en Sevilla. La verdad, un lujo tenerlos en nuestro blog y en la Conferencia hablando de la colaboración profesional-paciente para la investigación.


 Cuando en 2004 Ferguson y Frydman publicaron un artículo en el British Medical Journal  en el que hablaban de un movimiento al que llamaron los ePacientes, muchos pensaron que estaban ante un fenómeno pasajero que no tendría mayor importancia ni en la manera de prestar servicios ni en la concepción del papel del paciente en los sistemas sanitarios. En 2007 cuando el mismo Tom Ferguson, médico de profesión,  lideró un grupo de expertos que trabajaron sobre el fenómeno de los ePacientes y plasmaron sus conocimientos en un libro titulado: “El Libro Blanco de los ePacientes”, en el que se incluyó un capítulo con el sugerente título de: “ePacientes como investigadores clínicos” la percepción de que el movimiento de los ePacientes iba a ser algo pasajero se esfumó.



En el capítulo mencionado Ferguson, relata como pacientes afectados de cánceres muy poco frecuentes, madres de niñas con delección del cromosoma 18, maridos de mujeres afectadas con cánceres poco frecuentes, madres de hijos con reflujo gástrico grave y padres de niños con autismo, han contribuido, con sus conocimientos, observaciones y trabajo al desarrollo científico ligado a las enfermedades que ellos mismos, o sus seres queridos, estaban padeciendo. Fergurson, que era médico de profesión,  no se refería únicamente a contribuir a la investigación a través de donaciones, organización de eventos benéficos o cualquiera de las vías clásicas que los pacientes, en ocasiones solos, o encuadrados en asociaciones, han venido utilizando para fomentar la investigación.


¿Y a que tipo de persona nos referimos cuando hablamos de un ePaciente? La respuesta no es simple, pero de los mismos ejemplos presentados, todos ellos reales, podríamos extraer una serie de características generales; pero en lugar de ello vamos a utilizar la definición que el propio Dr. Ferguson, fallecido de cáncer antes de ver su obra publicada, nos da sobre como es un ePaciente.

Un ePaciente es: un paciente proactivo con buenos conocimientos sobre tecnologías, implicado en el mantenimiento de su salud e interesado en contribuir no solo al tratamiento e investigación sobre determinadas condiciones de salud, sino también en mejorar el sistema de asistencia sanitaria”

La definición puede parecer simple, porque es fácil pensar que cualquier paciente que utilice internet para buscar información sobre su enfermedad o cualquier otro tipo de condición médica adversa, puede ser considerado un ePaciente. Pero en realidad el ePaciente es aquel que además de buscar información en Internet llega, en mayor o menor grado, a estar más capacitado para el manejo de su enfermedad, más emponderado para una tema de decisiones colegiada y, en general, es proactivo en el manejo de su condición de salud.


Un ePaciente sería aquella persona que bien por su cuenta, o bien en el marco de una asociación participa activamente en el manejo de su salud, asistiendo a cursos de formación, impartiéndolos en algunos momentos, ayudando a otros pacientes a orientarse ante un nuevo diagnóstico, organizando eventos en los que participen tanto pacientes como profesionales sanitarios, sistematizando y organizando datos relativos a últimos avances sobre su enfermedad o condición, e incluso promoviendo estudios a través del uso intensivo de las nuevas tecnologías basados en la agregación de datos, e incluso en la participación activa de los pacientes en tareas que hasta ahora estaban reservadas únicamente a profesionales.

Pensemos en el ePaciente como una persona que tiene muchas más facetas además de la de “padecer una enfermedad”, puede tener conocimientos de disciplinas relacionadas con la investigación, puede tener capacidad financiera para generar investigación o puede tener habilidades, contactos o ambas cosas para poder impulsar proyectos de investigación en ámbitos “huérfanos” de otro tipo de investigación.

La reflexión sobre el papel del paciente en la investigación nos debe llevar a una reflexión sobre: ¿Qué es investigar? ¿Una profesión o una actividad? Nosotros creemos que es una actividad y que como tal puede ser desarrollada por cualquier ciudadano con motivación, conocimientos y competencias para ello (las proporciones entre motivación, conocimientos y competencias pueden variar en función del tipo de proyecto). En algunos casos el proyecto puede precisar trabajar de manera colaborativa con investigadores profesionales, pero en otros no, puesto que un proyecto de investigación consta de muchas tareas y subtareas, algunas de las cuáles puede que precisen elevados conocimientos de, por ejemplo, biología molecular. Pero otras quizás precisan de otro tipo de conocimientos más transversales como podrían ser el análisis estadístico de datos, gestión del conocimiento,  organización de eventos, o el diseño de una buena estrategia de comunicación de los resultados, por poner solo unos ejemplos.



En el ámbito de las Enfermedades Minoritarias, también conocidas como Enfermedades Raras es en el que con más fuerza el movimiento de los ePacientes está contribuyendo a la investigación colaborativa (la llamada “crowsourced health research studies”) y los motivos son fáciles de entender: enfermedades con muy poca prevalencia, desconocidas para muchos especialistas, con escasa evidencia científica y protocolos en muchas de ellas y que se manifiestan en la mayoría de los casos en la primera infancia (con lo que el efecto devastador de una enfermedad, asociada en muchas ocasiones a una pluridiscapacidad aún hace más evidente la necesidad de actuar). También hay que tener en cuenta que en el caso de las enfermedades infantiles muchos de los padres son ya en estos momentos “nativos digitales”; es decir que tienen ya un buen conocimiento del uso, y sobre todo de las posibilidades de las nuevas tecnologías y deciden aplicar este al conocimiento e intentos de buscar alternativas y soluciones para mejorar la calidad de vida de su hijo/a.




Organizaciones que agrupan a pacientes, familias y asociaciones de afectados por enfermedades minoritarias a nivel europeo como EURORDIS (European Organization of Rare Diseases) y asociaciones científicas como la Participatory Medicine Society (solo el nombre de la asociación ya es una declaración de intenciones en si misma), recomiendan explorar y dar apoyo a “nuevos modelos colaborativos” que incluyan a pacientes, asociaciones e investigadores. Pero lo más relevante es que piden que esos modelos sean integrados en los sistemas de salud y no acaben siendo meramente anécdotas, ya que la realidad es que en estos momentos existen medicamentos en el mercado (como por ejemplo el que se utiliza en la Enfermedad de Pompe) que existen gracias al tesón y participación activa en la investigación de padres, con lo que ya no nos movemos en el terreno de lo anecdótico, sino en el de buscar la manera de que “sistematizar” uno de los recursos más desaprovechados de los sistemas sanitarios, como son sus propios usuarios.

También hay que señalar que estos modelos colaborativos pueden generar ciertas resistencias. Obviamente la primera la que vendría por la percepción que podrían tener algunos profesionales de “pérdida de control” de la situación; la cuál está siendo neutralizada por el creciente interés que la incorporación de la tecnología a la práctica profesional está despertando entre los profesionales de la salud (existen ya revistas como Journal of Medical and Internet Research o congresos de alcance mundial como el Medicine 2.0, el Medicine X o el Doctors, 2.0) en los que participan cientos de profesionales sanitarios que a su vez lideran la incorporación de las nuevas tecnologías en sus países y especialidades y que están representando un aumento constante de la producción científica y por tanto de conocimientos y protocolos al servicio de los afectados.


La segunda gran reticencia puede venir del miedo a que se genere una brecha digital entre aquellos que sea capaces de tomar el control de su enfermedad y transformarse en ePacientes y otras personas que por cualquier motivo: edad, cultural, social, etc. no puedan o no quieran hacerlo y prefieran seguir en un rol más pasivo. Pero  al igual que comentábamos al hablar de los profesionales, creemos que por un lado la brecha digital cada vez va a ser más estrecha, habida cuenta del incremento del nivel medio académico de la población, del abaratamiento de la tecnología, de la extensión de las conexiones de banda ancha y en definitiva de la incorporación de las nuevas tecnologías a todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida en el que la salud es uno más de esos ámbitos, y en ocasiones sobre todo cuando se pierde pasa a ser el “único importante”

Pensemos además que la industria creada alrededor de las nuevas tecnologías cada vez es más sensible a la necesidad de “simplificar” los dispositivos y el software que desarrollan, y un ejemplo claro son las “apps” descargables en cualquier teléfono inteligente, que permiten por ejemplo el registro en tiempo real de variables que pueden tener relevancia para la investigación médica, como pueden ser: presión arterial, temperatura, percepción de dolor, nivel de ejercicio, hábitos alimenticios y tantas otras. Es solo una cuestión de tiempo que estas “apps” sean “prescritas” en los propios centros sanitarios, tras su correspondiente evaluación por parte de los profesionales y asociaciones de pacientes; pero a buen seguro que una vez incorporadas a las herramientas a disposición de los centros redundarán en un mejor seguimiento de patologías de todo tipo y en una detección precoz de cualquier situación que requiera atención personalizada, presencial o no.

Pero si hablamos de trabajar colaborativamente profesionales y pacientes el ingrediente principal para que esta relación funcione es simplemente la confianza mutua entre ambos colectivos. Uno de los colectivos, el de profesionales, disponen de conocimientos profesionales que les permiten cuidar y mejorar la calidad de vida de los pacientes y familiares pese a que deben lidiar con decenas de enfermedades, algunas de las cuáles apenas conocen por motivos como pueden ser su baja prevalencia. Por otro lado el segundo colectivo lo constituyen unos pacientes y familiares que por la experiencia de vida que les ha tocado vivir se convierten en verdaderos especialistas en su afectación, ya que viven con ella 24 horas al día los 365 días del año, y en ocasiones durante muchos años. Si además de esta experiencia estos profesionales y familias pueden aportar “manos” y “cerebros” para trabajar conjuntamente en el objetivo común, que no es otro que cuidar de quién lo necesita, los dos colectivos pasan a formar uno solo, con distintas competencias y responsabilidades, pero alineados en lo esencial.
 



Pero para que esta alineación y trabajo colaborativo de sus frutos hay que fomentar el conocimiento mutuo y la confianza entre ambos colectivos, ya que mientras que la relación de confianza mutua puede promover la aparición de un círculo virtuoso en algunas enfermedades (a mejor relación, confianza y alineación de objetivos mayor número de proyectos y a su vez mejora la  relación), es posible que en el caso de enfermedades con una prevalencia muy baja estemos teniendo un verdadero e indeseable "círculo vicioso". Un círculo en el que si los pacientes no tienen esperanza en la investigación, no se sentirán motivados a financiar , apoyar o participar en ella, llegando a pensar que no existe un interés en el mundo científico por promoverla. De la misma manera , si los investigadores no encuentran apoyo, si no tienen acceso a casos y datos es probable que dediquen sus esfuerzos a otras enfermedades más prevalentes y en las que se sientan más apoyados, generándose así una situación que para las enfermedades y condiciones de baja prevalencia puede afectar en gran medida la calidad de los cuidados que estos pacientes reciben, y por ende afectar a la calidad de vida de quienes las padecen.

El ejemplo de las enfermedades minoritarias nos sirve como paradigma de cómo la participación activa de los pacientes y familiares puede tener un papel clave en el tratamiento e investigación alrededor de estas patologías. Por poco que se haga, por poco que parezca que se avance con mucha probabilidad la colaboración de profesionales y familias dará lugar a una situación mucho mejor que la que existía antes de la colaboración, ya que en relación a algunas enfermedades la información de la que se dispone es fragmentada y muy poco útil para el día a día de la intervención con estos pacientes. En otro tipo de enfermedades mejores conocidas, más prevalentes y con grandes dotaciones anuales para la investigación el “recorrido” que pueden hacer juntos investigadores profesionales y pacientes puede parecer menor, pero siempre se puede avanzar hacia una mejor calidad de vida, porque por definición cualquier enfermedad grave y crónica, así como cualquier otra condición médica son graves amenazas a la calidad de vida de pacientes y familiares.


El auge de los Social Media, basados en la tecnología de la Web 2.0, y en particular su característica de que cualquier internauta no se limite únicamente a “consumir información” sino que pueda generar sus propios contenidos (como por ejemplo en Blogs, Wikis, Redes Sociales, etc.) está permitiendo la emergencia de una verdadera inteligencia colectiva, en la que la suma de las aportaciones de los distintos actores de la salud: pacientes, asociaciones, profesionales, científicos, familias, a través de herramientas 2.0 está generando un nuevo conocimiento que es superior al que cada actor podía generar por separado.

Para ilustrar lo hasta aquí expuesto, describimos a continuación un modelo de trabajo al que hemos llamado ePACIBARD (ePacientes generando Inteligencia Colectiva en el ámbito de la investigación biomédica en enfermedades raras). El modelo está siendo desarrollado en el marco de la colaboración entre el Hospital St.Joan de Déu de Barcelona, el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBERER), la Federación Europea de Síndrome de Lowe (constituida por familias de Italia, Francia, Reino Unido, Alemania, Austria, Suiza y España) y la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). El modelo tiene su espacio principal de desarrollo en el portal “Guía Metabólica”  www.guiamatabolica.org del Hospital St.Joan de Déu dirigido por la Dra.Mercedes Serrano.

En GuíaMetabólica los pacientes y su entorno pueden encontrar información actualizada, científicamente contrastada y en lenguaje sencillo sobre su enfermedad y las situaciones que ésta asocia. Además, ofrece la posibilidad de establecer grupos de soporte y contactar con personal especializado.

El portal recibe más de 60.000 visitas mensuales y ha superado el millón de páginas vistas en 2012 con usuarios de más de 100 países del mundo (más del 70% de las visitas proceden de Latinoamérica), algo que, contando con lo minoritario de estas condiciones, se puede considerar un gran éxito. Guiametabolica ha demostrado mejorar el proceso de empoderamiento, la autonomía y la capacitación aportando efectos psicológicos positivos en los padres de los pacientes (ya que por su corta edad no pueden participar directamente), y a su vez las familias están suministrando información y conocimientos sobre distintas enfermedades que eran  simplemente desconocidos para los profesionales, ya que muchos de ellos apenas habían visto uno o dos casos en varios decenios de práctica clínica.  




El modelo ePACIBARD en Guía Metabólica se estructura a partir de cuatro dimensiones básicas, que se representan y se adaptan en la plataforma virtual en función de las necesidades detectadas en cada caso/enfermedad.


  1.  Dimensión 1: investigación colaborativa sobre los aspectos de ciencia básica  y clínicos de la enfermedad.
  2.  Dimensión 2: investigación colaborativa en el tratamiento clínico.
  3.  Dimensión 3: investigación colaborativa en identificar los aspectos psicológicos, sociales y en general los relacionados con la calidad de vida de los afectados y sus familias.
  4.  Dimensión 4: módulo de sostenibilidad, en la que se desarrollan acciones de crowdfunding, crowdsourcing, con especial énfasis en las acciones de voluntariado profesional que están permitiendo que determinadas tareas del proyecto puedan ser desarrolladas por padres, familiares y amigos voluntarios (ej. traducciones de guías sobre enfermedad, identificación de recursos de calidad, difusión del proyecto en eventos, acciones de coordinación con asociaciones internacionales, etc.).


En este momento el modelo ePACIBARD está siendo aplicado en un proyecto piloto con veinte familias españolas y de Latinoamérica con hijos afectados por Síndrome de Lowe, también conocido como síndrome cerebro-oculo-renal y que provoca además un elevado grado de discapacidad entre los niños y jóvenes que lo padecen. En este proyecto estamos trabajando colaborativamente un equipo de 60 investigadores ( 30 profesionales - 30 padres) en todas las dimensiones del modelo de e- PACIBARD.

Parte del trabajo concreto que se ha pedido a los padres es el de completar, en ocasiones con la ayuda de sus médicos,  una serie de cuestionarios (quince concretamente)  sobre diferentes aspectos de la vida cotidiana y de la historia clínica de sus  hijos (recogiéndose datos de oftalmología, neurología , nefrología , psicología, endocrinología, odontología, psicología, etc.). La recopilación de estos datos se ha desarrollado siguiendo un calendario de trabajo riguroso y consensuado con ellos. Por otro lado, los investigadores profesionales han diseñado una serie de materiales y guías sobre la enfermedad para orientar a las familias y a otros médicos, sobre como completar los cuestionarios a la vez que para promover un mejor manejo de la enfermedad, siguiendo también un calendario consensuado, ya que los padres antes de contestar un cuestionario específico (ej. el relativo a problemas oftalmológico) recibían una guía desarrollada por oftalmólogos que les ayudaba a entender las cuestiones planteadas y se les ofrecía ayuda por si necesitan apoyo para hacerlo.

Los investigadores profesionales están analizando en estos momentos la información presentada por los padres y se están creando diferentes grupos de trabajo con especialistas de otros hospitales, compartiendo con ellos la información y la creación de una red abierta de conocimiento sobre la enfermedad, siguiendo los principios de la “ciencia en red”. Esto es, un trabajo participativo, colaborativo y con “datos en abierto” (obviamente todos ellos anonimizados, con consentimiento informado y con evaluación de comité de ética) que son explotados cooperativamente para la generación de conocimiento científico sobre la enfermedad. Baste señalas que en este último año se ha generado más conocimiento, agrupación de casos y tarea de investigación tanto básica como clínica que en los sesenta anteriores, desde que se identificó la enfermedad.

El modelo ePACIBARD está teniendo resultados muy positivos en todas sus dimensiones y se han empezado ya las acciones para su extensión a otras enfermedades, en lo que hemos llamado “ePACIBARD Alliance”, que también tienen su espacio en “Guía Metabólica” como la Asociación ENACH (asociación de enfermedades neurodegenerativas por acúmulo de hierro cerebral) y la Asociación de enfermedades con defectos congénitos de la glicosilación (CDG=y han mostrado interés en el proyecto. Para hacerlo se está llevando a cabo un análisis de la situación de la investigación en cada una de las enfermedades y las necesidades que planteen tanto las asociaciones como los propios investigadores del ámbito.


Nuestro modelo conceptual, adaptable a cualquier otra enfermedad o condición de salud, sobre todo las de baja prevalencia, es un ejemplo de las nuevas vías de investigación basado en la colaboración entre pacientes, o asociaciones de pacientes e investigadores. Creemos que disciplinas como la Medicina, la Psicología, la Fisioterapia, Logopedia, etc. van a ir evolucionando desde un modelo que otorgaba un papel poco influyente a pacientes y familiares,  a otros basados en la responsabilidad compartida frente a los problemas de salud; donde los profesionales sin ver en ningún momento amenazada su condición y el respeto profesional que se merecen, encuentren, no frente a ellos, sino a su lado a personas, asociaciones y federaciones de asociaciones que comparten los mismos objetivos. Y ese objetivo común no es otro que el de aliviar el sufrimiento de pacientes y familias y ofrecerles la mejor calidad de vida que sea posible en cada caso. 

Paciente formado = mejor cuidado de su enfermedad por Mauricio Dueñas #6cronicos #1activos



Mauricio Dueñas es un paciente excepcional. Dedica parte de su tiempo libre a trabajar por los demás, a su asociación de pacientes con diabetes de Huelva o a hacer talleres para pacientes de la escuela de pacientes. Es un paciente muy activo, experto, formado e informado, ponente en congresos médicos y de pacientes y formador de la escuela de pacientes. Participará en la 1ª Conferencia Nacional de pacientes activos en un taller sobre educación y apoyo a pacientes crónicos.

 
 Todo empezó de casualidad, ya que el Presidente de la Asociación Huelva Diabetes no podía asistir y pensó, pocos días antes de la convocatoria, que fuera yo en su lugar. Lo que en principio pensé que era una reunión como asociación, me encontré que ya estaba metido en el programa de la Escuela de Pacientes y que iba a formar parte de un grupo de formadores de pacientes, en mi caso para personas con diabetes. Las dos convocatorias se hicieron cortas, ya que me encontraba muy a gusto, tanto por los formadores como por los compañeros que iban a formar parte del mismo proyecto. 


Una vez superadas las dos sesiones en Granada, empecé en mi provincia a realizar talleres de formación en diabetes, y como no podía ser de otra forma, el primero siempre lo recordaré, fue en la localidad de Rociana del Condado. Estaba un poco nervioso por enfrentarme a una experiencia nueva, y digo nueva porque aunque yo tenía experiencia como formador en temas relacionados con mi profesión, ahora era cuestión de hablar de algo que llevaba muchos años viviendo conmigo pero que nunca había pensado en tener que hablar de mi enfermedad a otros que la padecían.


En lo más de dos años que llevo dando formación por la Provincia de Huelva, me he encontrado con una variedad de personas que padecen diabetes, como personas que están muy relacionadas con la enfermedad, ya que conviven con pacientes. 

Al igual que me acuerdo del primer taller, tengo un grato recuerdo del taller que hicimos en el Hospital Infanta Elena de Huelva con niños con diabetes y sus padres. Era muy curioso cómo se enfrentaban a la enfermedad de forma tan distinta, los niños que la padecen y sus padres, es decir, la gran diferencia que existe entre lo que quieren saber los niños de lo que están viviendo y lo que quieren saber los padres para llegar a comprender la enfermedad de sus hijos lo mejor posible, porque los padres siempre quieren que sus hijos estén perfectamente bien, o sea, llegar a la perfección en todos los controles diarios. 


En este taller recuerdo como un niño de 10 años, que su ilusión era comerse un helado como sus hermanos, se levantó a darme un abrazo por convencer a sus padres que de vez en cuando podía tomarse ese helado tan deseado.

Cada grupo fue distinto y había que adaptar el programa a los diferentes objetivos que tenían. De todos los grupos aprendí cosas, ya que en realidad yo contaba mis experiencias y ellos las suyas, e intentábamos llegar a un punto donde tanto ellos como yo creíamos que era así como teníamos que enfrentar esos momentos difíciles del día a día de nuestra enfermedad. 

Siempre estuve acompañado de un profesional sanitario que me ayudaba cuando las preguntas eran sobre los tratamientos. Me llegaron a confesar muchos de ellos que habían aprendido también cosas sobre diabetes en estos talleres escuchando las experiencias de todos.


De esta experiencia que he vivido, y pienso seguir viviendo, me ha dado muchas satisfacciones personales, sobre todo ver como alguien que se había rendido a la enfermedad, retomaba con ganas la ilusión por vivir la vida junto a esta enfermedad que no nos abandona nunca. Veía esperanza en ellos y me servía a mí, para seguir llevando con ilusión la vida junto a la diabetes.

Como es natural, todo en la vida es mejorable, y estos talleres tienen cosas a mejorar y otras a reforzar. Como mejorable veo que en los talleres hay que seleccionar las personas, ya que sería recomendable tener talleres de diabetes tipo I y otros de tipo II, no mezclando pacientes de ambas enfermedades. Aunque estas dos enfermedades tienen el mismo sustantivo, diabetes, su tratamiento y la forma de enfrentarse a ellas son diferentes. Siempre hay cosas en común, pero esa diferencia creo que se debe tratar por separado.

Como paciente de diabetes, creo que estos talleres son muy enriquecedores. A mí me hubiera gustado cuando empecé a padecer esta enfermedad, haber podido tener la posibilidad de asistir a ellos. Seguro que hubiera llevado mejor mi vida con la diabetes.


Desde mi punto de vista, estos talleres deberían estar programados en el Sistema Andaluz de Salud, ofreciéndose de forma continuada a todos los pacientes. También creo que a los pacientes que hayan participado en un taller, se debería seguir formando con otros talleres periódicamente. Estoy convencido de que estos talleres a medio o largo plazo son muy rentables ya que las personas pueden ser más autónomas con respecto a su enfermedad y llevarla mejor, por lo que requerirían menor la atención del sistema sanitario. 

Paciente formado, paciente activo, paciente más autónomo, lo que implica mejor cuidado de su enfermedad y más optimización del sistema sanitario.