sábado, 29 de marzo de 2014

Poemas basados en la confianza y la afectividad. Homenaje a Albert Jovell #6cronico #1activos


LA ESCALERA DEL AFECTO                                                                                                                                                                                                


Empuña el corazón al corazón,
oscila
entre la sal, el acero y la saliva.
Raudo, silencioso, cristalino
remueve, agita
las carpas felices de los ríos.
Alberga
una nitidez desconocida.
Jamás nos brinda la callada
 por respuesta.
Impulsa
el mimbre
curvo del latido
apartando
la invisible flor en la maleza
con la sola fuerza
 de la fuerza.
No sueña
sin el permiso
de la menta,
 y es montaña, arroz,
 trigal,
devanado ovillo
 que en el desgaste
indócil se reinventa
y alza
el soterrado furor
de la amapola,
el siniestro verdor de las heridas,
la brusca neblina
tras el espacio fugaz
que lo encandila.


DERECHOS
 

           

«El Estado de bienestar es un logro irrenunciable en España y en la Unión Europea»
MARIANO RAJOY, El País, 8 de diciembre de 2013.

«Quizá no haya un lugar que no haya sido un campo de batalla»
WISLAWA SZYMBORSKA, Fin y principio.




Tienes derecho a tener derechos,
a la emasculación precoz,
a regalarte una diabetes,
a quebrar o ser quebrado,
a morir viejo, alucinado y solo.

Tienes derecho a esconder tu miseria
en el horario establecido,
a ver a tus hijos perderse
y regresar con ojos abismados,
a que tus hombros brillen
como la rodilla de un santo,
al analfabetismo emocional.

Ya no luches.
Renuncia.


Tienes derecho a alzar la voz en mitad del grito,
a que te ladren los perros callejeros,
a enjuagarte la garganta con lejía.
a morir reventado a las puertas
del hall que tú elijas.

Piénsalo.
Es la hora.

En las cunetas despierta la hierba y no serás visto,
y con lo que le cuesta al vigía tu miseria
podremos dar entrada a un flamante ciudadano.

Sus derechos no serán distintos
pero durante unos instantes gloriosos
su futuro parecerá por escribir.

Verá la fe, será la luz,
y en lo que tarda el discreto alguacil
en cambiar el primer lacrimatorio,
su bravo corazón de cuero
brillará por unas horas nuevecito.
 



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